A CONTRALUZ
En el pulso del corazón eterno...
sin oírse, hablan... no callan.
19 años
El silencio entre tanto ruido…
Y la nieve no cesa... proyecto
Sigue nevando en la fría aldea,
La humildad de ser… por ser desde Marrakech
A este pueblo quiero confesarle
TODO FUE... UN MAL SUEÑO
Todo nació de una pesadilla…
de lo que el sueño me mostró…
y de lo que al despertar… seguía doliendo
En aquella esquina...
En memoria de tus padres, Maite
Hoy, 27 de noviembre
27 de noviembre, este largo silencio en versos...
Pegada a mi cuerpo, ¿hasta cuándo?
Y poco a poco, pieza a pieza, él, el desengaño, hace con ellas lo que tú... consientas.
Hablando de nuevo... contigo
Afloraste en el patio particular de mi alma
al cobijo de una mimosa engalanada,
escuchando en el rumor melancólico de una fuente,
el chapotear descarado de golosas naranjas plateadas...
Y La vida sigue...
Estás preciosa esta noche.
Estás preciosa esta mañana.
¿Pintarte?
Estás preciosa... siempre.
A mi espejo favorito...

Momentos de Silencio: Reflexiones
A veces el silencio aparece en los lugares más simples:
una cocina, una mesa, una tarde cualquiera.
Son momentos en los que uno necesita detenerse,
respirar y poner en orden pensamientos, sentimientos y emociones.
De uno de esos momentos nace esta reflexión.

He escrito tanto sobre la vida, tanto sobre la muerte, que el vivir y el morir, a veces, se me hacen cuesta arriba, con el riesgo de precipitarme hacia… la total ignorancia de cómo seguir el camino de las ilusiones que en mí echaron raíz.
La realidad tambalea la línea que uno cree aprendida cuando el antes y el después ya no logran tolerarse. Todo queda en un punto muerto que ni las enciclopedias más sabias saben cómo responder.
¿Cómo se supera el alzhéimer, el párkinson, la demencia senil…?
En un mundo donde pesa más la economía que el corazón, la guerra lo eclipsa todo y el cuidado del prójimo queda en la sombra. Nadie tiene la culpa, dicen. Y, sin embargo, toca comerte el pastel entero, al cien por cien… y hasta puede que repitas.
Ella, él, ya no son los que eran. No, ya no lo son. Aquellos que fueron los pilares de tu vida. Los que te cuidaron, te educaron, te enseñaron y te hablaron como pudieron y supieron, intentando no cometer ninguna falta de ortografía: puntos, comas, preguntas y exclamaciones. La verdad es que lo teníamos fácil para entenderlos.
Y, de repente, como si fuera el premio final de todo lo que han sufrido, arriesgado y sacrificado, reciben el peor de los regalos: olvidarlo todo, incluso a todos y a sí mismos.
Y quienes permanecen a su lado no tienen más remedio que aceptarlo.
Pero ¿resignarse?
Para mí, este saber hacer ya no es nuevo. Asumiré, con la serenidad que pueda, que hay cosas que no se aceptan ni se superan; simplemente se viven. El dolor, en la intimidad, pesa en el alma, pero se muestra libre y sincero.
Y BASTA YA DE TANTOS FORMALISMOS, DE TANTAS BUENAS Y VANAS PALABRAS QUE NO SIRVEN DE NADA…
Porque ellos, ellas, son los que se van de nosotros en vida,
los que se marchan sin nosotros en su muerte.
Esto, sí, que lo sé…








