TODO FUE... UN MAL SUEÑO

Todo nació de una pesadilla…
de lo que el sueño me mostró…
y de lo que al despertar… seguía doliendo
Y el ruido me vence...
El tiempo me avasalla.
No río, callo.
Agotada, desvío
el acento antepenúltimo,
la obligatoria tilde de los segundos.
Y en sueños me desahogo
hasta la última palabra.
Y hago daño.
Mucho daño.
Sus lágrimas no me detienen.
Es mía, la última palabra.
Despierto…,
y sus lágrimas ya me sangran.
*
A estas alturas,
¿por qué no creerme capaz
de lo más imposible?
¿Acaso mis ojos sienten su ceguera?
Lo sé —
no exilié la caricia de la infancia.
Las noches son más dulces,
más pasajeras...
*
Llamaremos eterno
a los pétalos del deseo:
rojos y secos,
rojos y tiernos.
Ellos me interpelan.
Me obligan a escuchar.
Su conversación, de pupilas dilatadas.
Mi paladar: de largas pestañas.
Sus oídos, el misterio:
la sabiduría del que calla
cuando debe callar.
*
Allí, donde lo despedido
recobra protagonismo,
el recuerdo es máscara
del evidente olvido.
¿Quién te dijo
que no podías llorar?
¿Quién te dijo que las luces del auxilio
te sabrían a poco —
casi a menos, en tu despertar?
